Fotografía del artículo de La Marea

Integrar prácticas feministas: un reto pendiente de la economía social

Fotografía del artículo de La Marea

En el pasado mes de marzo se celebró el I Congreso madrileño de Economía Social y Solidaria, estuvimos presentes y participamos en la Mesa 1: Trabajo de cuidados y reproducción de la vida.

La Marea publicó el siguiente artículo donde fueron entrevistadas dos de nuestras compañeras: Alicia Rius y Ana Álvarez.

El feminismo reclama su lugar dentro de la economía alternativa y solidaria

Replantear la división sexual del trabajo, cooperativizar los cuidados o generar estrategias que empoderen a las mujeres dentro de la economía social y solidaria. Estas han sido algunas de las cuestiones que se han abordado en el I Congreso madrileño de Economía Social y Solidaria que se ha celebrado este fin de semana y que ha situado a la economía feminista en un primer plano, junto a otros ejes como las sinergias entre la Universidad y el tejido cooperativista, el papel de las políticas públicas dentro del cooperativismo o las formas de consumo.

Al encuentro asistieron más de 300 personas pertenecientes a empresas, cooperativas, asociaciones, fundaciones, sindicatos, así como trabajadoras y trabajadores autónomos y personas consumidoras.

“El feminismo debe irrumpir con toda su magnitud en la economía social y solidaria”, explica Alicia Rius, del Instituto de Mujeres y Cooperación (IMC). En este sentido, “este congreso trae como novedad que se ha oficializado una comisión de feminismos dentro de la Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS) de Madrid, como ya existe en otros territorios como Euskadi y Aragón”, cuenta Rius.

Red de Economía Social Feminista

El reconocimiento del trabajo de cuidados y la incidencia en que este se reparta de manera equitativa o la igualdad de oportunidades y salario son algunos de los puntos en los que la economía feminista y la economía social confluyen. Para Rius, sin embargo, que esta última sea plenamente feminista “es todavía un reto, aunque se están haciendo avances”. “Es muy importante que se vigile si la división sexual del trabajo se está dando dentro de nuestras empresas o si se está duplicando” señala, y apunta también a la economía social como agente para “mejorar las condiciones de las empleadas en el sector doméstico y de cuidados“. Sobre esto último, Rius valora positivamente que en Madrid ya existan cinco cooperativas de trabajo doméstico.

Desde la Red de Economía Social Feminista comparten esta perspectiva. Patricia Martínez, de la librería Mujeres & Compañía, destaca un hecho simbólico: en el taller que el congreso ha destinado a trabajar sobre este tema, “apenas había hombres”. “En concreto, tres”, apunta su compañera Ana Álvarez, de IMC, sobre el grupo de trabajo al que han asistido unas 60 personas. “Me llama la atención que dentro de un espacio concienciado con los principios de solidaridad se sigan reproduciendo ciertos patrones, como que la economía feminista es un tema de mujeres y que no genera tanto interés como otros talleres”, explica Martínez. “Lo ideal sería, en realidad, que dejemos de ser un punto y aparte o algo concreto y que todo esté atravesado por la perspectiva feminista, esto sería un reto a llevar a cabo”, prosigue.

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